Se discute la posibilidad de construir una represa hidroeléctrica en el Amazonas desde los años ’70s, pero esta semana se extendió la licencia ambiental para llevarla a cabo.

Así, el proyecto Belo Monte será una realidad en manos de la empresa que gane la licitación, que además deberá pagar 800 millones de dólares en concepto de compensación ambiental.

Se trata de una obra monumental, que cuenta con gran resistencia de grupos ambientales.

Belo Monte será la tercera planta hidroeléctrica más grande del mundo, y su objetivo será el aportar 11 mil GW adicionales de energía para ayudar a cubrir la creciente demanda de un país que se ha convertido en potencia mundial.

Informa The Guardian que la planta costará unos 11 mil millones de dólares y podría comenzar a operar en 2015.

Pero, ¿por qué grupos ambientalistas se oponen a un proyecto de energía que es considerada ‘limpia’?

Las plantas hidroeléctricas no producen emisiones directas de carbono, pero provocan alteraciones en los ecosistemas que no son menores. El gobierno brasileño admite que la planta provocará la inundación de 500 kilómetros cuadrados de tierras, y los opositores creen que esto provocará el desplazamiento de miles de nativos que habitan las zonas aledañas al río Xingu, donde se emplazará el proyecto. Además, las plantas hidroeléctricas son perjudiciales para los ecosistemas marinos.

Para intentar paliar las dudas ambientales, el gobierno brasileño está pidiendo una compensación ambiental de 800 millones de dólares a la empresa que gane la construcción de la planta. Este dinero se destinaría a medidas de conservación y reconstrucción ambiental. Además, desde el Ministerio de Ambiente brasileño aseguran que no habrá desplazamiento de nativos. También aseguran que la construcción mejorará la situación de vida de las personas que viven en la zona.

Pero, ¿es posible pensar en un proyecto de tal envergadura sin pensar en consecuencias negativas? Más allá de lo que podamos pensar, como dijo el presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva, Brasil es el dueño del Amazonas y puede elegir su destino. Habrá que ver cuál es el resultado.